Camino Fisterra

Santiago - Fisterra

Punto de partida

El camino al fin del mundo

El Camino de Fisterra – Muxía no es solo una prolongación del Camino de Santiago, es el epílogo hacia el fin del mundo. Este tramo final tiene la mirada puesta en la Costa da Morte, donde su belleza es tan salvaje como traicionera. Durante siglos, los temporales y sus aguas bravas provocaron tantos naufragios (aquí te dejamos un mapa de los naufragios documentados) que los marineros decidieron ponerle ese nombre. Triste historia de la vida marinera.

Aquí el Camino se llena de paisajes que mezclan historia medieval con impresionante naturaleza y vistas al Atlántico que a veces te acarician y otras te sacuden, según sople el viento. Es una ruta de dificultad media, con alguna cuesta y pocas paradas para reponer agua, así que mejor salir bien cargado. Lo mejor de todo es que es el itinerario más tranquilo, sin grandes ciudades y con menos peregrinos, lo que te permite conectar aún más con cada pedalada y disfrutar de las sorpresas que aún te guarda el Camino. Tenemos que reconocer, que nos parece uno de los Caminos más bonitos.
Y por si no has pasado aún por Santiago o te dejaste algo por ver, al final de esta guía te dejamos la información interesante para volver a la capital desde este tramo. Y por cierto: no solo en Santiago te dan una Compostela. Si completas esta ruta, en Fisterra y en Muxía también te esperan dos medallas más: la Fisterrana (Albergue Municipal de Peregrinos de Fisterra) y la Muxiana (Oficina de Turismo de Muxía)

Y ya que lo haces con MVICO BIKES, nosotros nos encargamos de la parte menos divertida, la técnica, para que tú solo tengas que pensar en pedalear y disfrutar. Y si tienes alguna reclamación, aceptamos que venga en forma de cervezas. Normalmente se arregla rápido.

Y como has decidido hacerlo con MVICO, mejor aún: nosotros nos ocupamos del marrón técnico, para que tú te centres en disfrutar: Bicis en perfecto estado, con todos los complementos y ayuda cuando haga falta. Y al llegar a Santiago, si quieres reclamarnos algo… que sea invitarnos a unas cervezas. Eso suele ser fácil de solucionar.

Antes de salir: consejos y preparativos

Este Camino es largo, bonito y también un poco puñetero. Habrá días en los que pedalees feliz como una perdiz… y otros en los que te preguntes por qué no te quedaste en la cama. Pero tranqui, que aquí va un “manual de arranque” para empezar con buen ritmo:
  • Entrena un poco antes: No hace falta preparar un Tour de Francia, pero sí viene bien mover un poco las piernas antes de empezar. Prueba con un par de rutas suaves, alguna subida, pedalea con el peso que llevarás y asegúrate de que todo te resulte cómodo.
  • Equípate como los profesionales: ropa cómoda, impermeable, culottes, buen calzado, gafas, protector solar, agua suficiente y algún snack.
  • Cambia el peso por felicidad: no lleves más del 10% de tu peso corporal en equipaje. Y si dudas si meter algo “por si acaso”… no lo hagas, y créenos: lo que no uses en los primeros días… se va a convertir en aquel lastre que maldecirás cada vez que subas una cuesta. Aunque, si se viaja en bicicleta eléctrica, es cierto que todos los santos ayudan: se puede llevar algo más de peso y apenas se nota.

Por tu parte no hace falta pelearte con mecánica: la bici te la damos nosotros, revisada y lista para rodar. Tú pedaleas, ella responde. Así de simple. Además, va equipada con todo lo que necesitas: Kit de reparación básico (cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta), bombín de mano, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil. ¿Y lo mejor? también te damos los tracks de la ruta para que no tengas que andar improvisando: al final de la página encontrarás un archivo GPX, que te guía y lo puedes utilizar en tu app deportiva favorita, y un archivo KMZ, ideal para verlo sobre el mapa en Google Maps y hacerte una idea general del recorrido.

Y un apunte importante: si estás dudando entre una bici eléctrica o una convencional, nuestro consejo es claro: la eléctrica nunca te falla. En las subidas duras o si un día vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, la apagas y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.

Una vez en marcha, verás que el Camino en bici es prácticamente el mismo recorrido que el que se hace a pie. Viaja a tu ritmo y disfruta del paisaje sin prisas. Esto no va de ganar etapas porque aquí lo único que importa es que llegues… y que llegues con ganas de contarlo. Y si te apetece apretar, con un enfoque más deportivo, adelante: la ruta aguanta caña.

SANTIAGO → FISTERRA: 121 km

Etapas del Camino Fisterra

De vuelta a Santiago

Dicen que lo importante no es el destino, es el camino, pero Santiago te hará dudar de esa frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria por excelencia y reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un cruce de caminos, una ciudad marcada por el paso constante de peregrinos. Aquí el Camino no termina, se queda.

Cuando llegas a la Praza do Obradoiro es de esos momentos que se te quedan grabados. Ahora sí, toca hacer los deberes del peregrino: recoge tu Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entra en la Catedral y, si te cuadra el horario, pásate por la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con un poco de suerte, podrás ver el vuelo del botafumeiro. No te pierdas tampoco la Praza da Quintana, que para muchos es la plaza más bonita de Santiago. Si tienes ganas de ver todo desde otra perspectiva, sube a los tejados de la Catedral, un plan obligatorio: desde lo más alto de Santiago tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, pero ten en cuenta que está muy demandado y hay que reservar con mucha antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y hablando de vistas… sube al mirador y da un paseo por la Alameda, el parque más emblemático de Santiago y perfecto para ver la ciudad con calma y visitar a las Dos Marías, un homenaje a dos hermanas que, con su forma de vestir y su paseo diario, se convirtieron en todo un símbolo de la ciudad.

Si lo tuyo es conocer una ciudad a través de sus sabores, el Mercado de Abastos no es un mercado cualquiera, es el segundo lugar más visitado después de la Catedral y el epicentro de su zona gastronómica. Entre puestos y tapas, entenderás por qué aquí el mar y la tierra se celebran a diario.

Por último, si pensabas que el Camino era el premio… espera a perderte por las calles de Santiago. No hay mejor forma de rematar el viaje que dejándote llevar por su casco antiguo y descubrir los rincones de la ciudad. Incluso, si te animas por la noche, prueba una de las famosas copas de licor de café, que te la has ganado. Justo cuando creas que ya lo has visto todo, Santiago siempre guarda algún plan más:

  • Parque de Bonaval: un respiro entre verde y piedra. Ideal para tumbarse y mirar al cielo después de tanto pedal.
  • Museo do Pobo Galego: situado justo al lado del parque. Aquí harás un viaje por la historia, la música y la identidad gallega.
  • Cidade da Cultura: arquitectura moderna, exposiciones y un mirador alternativo y accesible con la bici para ver Santiago desde otra perspectiva.
  • Monte do Gozo: aquí es donde muchos hacen la primera foto de la Catedral desde lejos. Es un clásico por algo.
  • Monte do Viso: un rincón menos conocido, pero con vistas que no decepcionan y sin tanta gente.

Santiago → Olveiroa

Parada que merece la pena

Esta etapa te adentra en la Galicia más medieval, donde casi todo lo que ves tiene siglos de historia. Y no es casualidad: estas tierras siempre han sido cruce de caminos, de fe y de vida rural. La primera prueba de ello es el Ponte Maceira, la entrada a Negreira que lleva en pie desde el siglo XIII, siendo considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Aquí te recibe el Pazo do Cotón, una fortaleza medieval transformada en pazo que atraviesa el antiguo Camino Real, y que une dependencias con la Capilla de San Mauro. En el centro llama la atención la casa de Manuel Negreira, un ejemplo del gusto arquitectónico de los indianos, emigrantes que se fueron a América y volvieron con ganas de presumir de fachadas.

Tras un buen tramo de naturaleza, llegas a Olveiroa, pueblo perfecto para descansar. Aquí te espera la Iglesia de Santiago (otra más dedicada al dueño del Camino), hórreos centenarios y la fuente de Santa Lucía, y si te suena su nombre será porque ya la has visto en la capilla del Pazo do Cotón, porque aquí la fe y las historias caminan juntas desde hace siglos. Dicen que su agua cura la vista, así que si ya ves flechas amarillas hasta en sueños, aquí puedes lavarte tranquilo.
Un poquito más adelante tienes las Fervenzas de Hospital: un espectáculo de saltos de agua y antiguos molinos que hacen que incluso el peregrino más distraído levante la vista Y si te apetece un extra fuera de la ruta, las Caldeiras do Río Castro es tu sitio: pozas naturales y cascadas, un paisaje perfecto para caminar y agradecer haber leído esta guía.

Un plato que deberías probar

Pulpo a feira: Pulpo, patata, pimentón y aceite. Tradición gallega de plato y palillo, simple y siempre bien recibido.

Olveiroa → Muxía

Parada que merece la pena

En Muxía, la llegada ya es parte de la experiencia. Después de muchos días sin ver el mar, entras por la Praia de Espiñeirido y, de repente, aparece el Atlántico. Es de esos momentos que hacen que todo el Camino merezca la pena. Después hay que subir al Santuario da Virxe da Barca, que te regala unas vistas impresionantes al mar. Según dicen, la Virgen llegó aquí en una barca de piedra para encontrarse con Santiago, y lo que quedó de ella fueron las Piedras del Milagro: la de Abalar, el casco, se mueve si estás libre de pecado (aunque si lo hace, tampoco te van a creer). La de Cadrís, la vela, que cura dolores de espalda si pasas por debajo nueve veces. Y la de Temón, que solo es un timón sin milagro asignado. Y para los románticos, la Pedra dos Namorados ayuda en temas del corazón, aunque primero tendrás que encontrar con quién subir y aquí sí que no hay milagros no garantizados.

Para ver Muxía en todo su esplendor, sube al Mirador do Corpiño: desde allí se abre una panorámica completa del pueblo, el santuario y toda la línea de costa. Y para desconectar sin dejar de moverte, sigue la ruta del Paseo del Río Negro (a 25 minutos del centro) , junto al río y guíate por el sonido de agua para acabar en las playas locales

Un plato que deberías probar

Caldeirada de pescado: Pescado de roca, patata y cebolla guisados en caldo corto. Cocina marinera y honesta, de las que saben mejor cuanto más cerca estás del Atlántico.

Muxía → Fisterra

Parada que merece la pena

La salida de Muxía arranca fuerte con cuestas pronunciadas, pero luego terreno se vuelve más tranquilo, entre tramos tranquilos y pueblos con encanto. El primero es Lires, perfecto para pasear junto a la ría y acabar en las playas de Lires o Nemiña. Casterxe conserva un viejo fuerte y un lavadero tradicional. Pero si te apetece más mar, acércate a la Playa do Rostro. Eso sí, sujeta bien la bici en esta etapa, que el viento te lleva por sus propias ruta

Fisterra no es solo el final del Camino, es el lugar donde la tierra se acaba…pero de la mejor forma posible. El momento clave llega al subir al Faro de Fisterra, el centinela de piedra que vigila desde el fin del mundo. Allí está la famosa bota del peregrino, otro símbolo del Camino: durante años muchos quemaban su ropa como símbolo de cierre de etapa. El problema es que aquello acabó siendo más bien una mala idea (por la suciedad y el riesgo para el entorno), así que mejor quedarse con el gesto simbólico y no incendiar nada y por supuesto, la bici tampoco, que eso no lo cubre el seguro).

Luego, toca perderse por el pueblo, con su puerto colorido y gran oferta de restaurantes. Y antes de despedirte, aún te quedan un par de paradas con historia. Una es la Igrexa de Santa María das Areas, donde se venera al Santo Cristo de Fisterra, una figura rodeada de devoción y leyendas. La otra, el Castillo de San Carlos, una antigua fortaleza reconvertida en un museo del mar, que sigue vigilando la costa.

Un plato que deberías probar

Lubina a la brasa: al fuego con sal y buen aceite. Sabor directo del mar al plato.

Fisterra → Santiago

Parada que merece la pena

Esta etapa es opcional, pensada para quienes quieren volver a Santiago. Te recomendamos hacerla en dos días, no solo por la distancia, sino porque el Camino aún guarda sorpresas merecen la pena. Corcubión es una villa marinera declarada Conjunto Histórico Artístico, con un casco histórico lleno de pazos señoriales, plazas escondidas y ritmo tranquilo. En el centro de todo está la Iglesia de San Marcos, en pie desde el siglo XII, y muy cerca, en la Avenida da Viña, hay una pequeña zona verde con tres figuras, una carabela, un ancla y una columna truncada, símbolo de una vida interrumpida, que rinde homenaje a los marineros que un día zarparon y no regresaron. 

Desde aquí sigues el paseo marítimo que bordea la ría con pequeñas playas y conecta con Cee. Esta villa fue un centro clave de la industria ballenera española, y hoy ese pasado marinero se recuerda con orgullo en su arte urbano, que le dan color y memoria a sus calles. Por último, en la Praza da Constitución te espera el Homenaje al peregrino, y para hacerle justicia, lo suyo es corresponderle con una cerveza en mano.

Y como si el Camino lo tuviera todo pensado, justo al salir de Cee te espera un último regalo: las Pozas de Carboal, unas piscinas naturales rodeadas de naturaleza y que son el lugar perfecto para refrescarse y descansar un rato antes de volver a Santiago.

Un plato que deberías probar

Cocido gallego: Garbanzos, grelos, patata y distintas carnes cocidas sin prisas. Plato de interior, serio y reparador

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