Punto de partida
Kilómetro cero: El Camino arranca… pero Lisboa te pide quedarte un poco más
Antes de empezar a pedalear, hay algo que debes saber sobre esta ruta: Lisboa no es una ciudad para ver de paso. Es luminosa, romántica, con ritmo tranquilo y calles que invitan a quedarse un poco más.… Venir hasta aquí y no quedarte al menos un par de días es como pedir una cerveza y largarte antes de que te la sirvan. Esta ciudad es una verdadera postal en movimiento y, aún por encima de eso, tiene un clima que ya lo quisieran muchas ciudades con más fama que encanto. Aquí también es muy fácil perder la noción del tiempo: no sabes si es la luz, el ritmo o el vino, pero los días se escapan sin hacer mucho ruido. Por lo que dejarte llevar por Lisboa antes de arrancar es la mejor forma de recordar que el Camino también va de parar, mirar y disfrutar.
Desde aquí, te espera un viaje largo cruzando todo Portugal hasta alcanzar Oporto, donde deberás elegir una ruta: seguir por el interior o por la costa. Si te va el rollo rural con abuelitas en las puertas de las casas, bares donde el café cuesta menos que una botella de agua y caminos que huelen a campo, tira por el interior. Si lo tuyo son los atardeceres de película, la salitre en los pulmones y el viento en la cara que te despeja hasta las ideas que no sabías que tenías… entonces la costa es tu sitio. No hay elección mala; son simplemente dos maneras distintas de disfrutar el mismo Camino.
Y como has decidido hacerlo con MVICO, mejor aún: nosotros nos ocupamos del marrón técnico, para que tú te centres en disfrutar: Bicis en perfecto estado, con todos los complementos y ayuda cuando haga falta. Y al llegar a Santiago, si quieres reclamarnos algo… que sea invitarnos a unas cervezas. Eso suele ser fácil de solucionar.
Antes de salir: consejos y preparativos
Este Camino es largo, bonito y también un poco puñetero. Habrá días en los que pedalees feliz como una cabra en el monte… y otros en los que te preguntes por qué no te quedaste en la cama. Pero tranquilo, que aquí va un “manual de arranque” para empezar con buen ritmo:
Lo esencial
Lo básico marca la diferencia:
- Entrena un poco antes: No hace falta preparar un Tour de Francia, pero sí viene bien mover un poco las piernas antes de empezar. Prueba con un par de rutas suaves, alguna subida, pedalea con el peso que llevarás y asegúrate de que todo te resulte cómodo.
- Equípate como los profesionales: ropa cómoda, impermeable, culottes, buen calzado, gafas, protector solar, agua suficiente y algún snack.
- Cambia el peso por felicidad: no lleves más del 10% de tu peso corporal. Y si dudas si meter algo “por si acaso”… no lo hagas, y créenos: lo que no uses en los primeros días… se va a convertir en aquel lastre que maldecirás cada vez que subas una cuesta. Aunque, si se viaja en bicicleta eléctrica, es cierto que todos los santos ayudan: se puede llevar algo más de peso y apenas se nota.
Sobre tu bicicleta
Por tu parte no hace falta pelearte con mecánica: la bici te la damos nosotros, revisada y lista para rodar. Tú pedaleas, ella responde. Así de simple. Además, va equipada con todo lo que necesitas: Kit de reparación básico (cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta), bombín de mano, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil. ¿Y lo mejor? también te damos los tracks de la ruta, optimizados para bici, para que no tengas que andar improvisando: te enviaremos un archivo GPX, que te guía y lo puedes utilizar en tu app deportiva favorita, y un archivo KMZ, ideal para verlo sobre el mapa en Google Maps y hacerte una idea general del recorrido.
Y un apunte importante: si estás dudando entre una bici eléctrica o una convencional, nuestro consejo es claro: la eléctrica nunca te falla. En las subidas duras o si un día vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, la apagas y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.
Pedaleando se entiende el camino
Una vez en marcha, verás que el Camino en bici es prácticamente el mismo recorrido que el que se hace a pie. Viaja a tu ritmo y disfruta del paisaje sin prisas. Esto no va de ganar etapas porque aquí lo único que importa es que llegues… y que llegues con ganas de contarlo. Y si te apetece apretar, con un enfoque más deportivo, adelante: la ruta aguanta caña.
Lisboa → Santiago: 657 km
Etapas del Camino Portugués por Interior
Si prefieres hacerlo en menos etapas...
Lisboa → Santiago: 609 km (48 km menos)
¿Y ahora qué? Cuando llegas a Santiago
Dicen que lo importante no es el destino, pero Santiago te hace replantearte la frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria y Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un lugar donde todo converge. Aquí el Camino no termina, se queda.
La llegada a la Praza do Obradoiro es uno de esos momentos que no se olvidan. A partir de ahí, toca cumplir con los rituales del peregrino: recoger la Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entrar en la Catedral y, si el horario acompaña, asistir a la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con algo de suerte podrás ver volar el botafumeiro. Muy cerca, la Praza da Quintana ofrece una de las estampas más bonitas de la ciudad, especialmente al atardecer. Para cambiar de perspectiva, subir a los tejados de la Catedral es casi obligatorio. Desde lo alto, tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, aunque conviene reservar con antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y si lo que buscas es calma, la Alameda es el lugar perfecto para pasear sin prisas y saludar a las Dos Marías, ya parte inseparable del imaginario de la ciudad.
Si te gusta conocer los sitios a través de la comida, el Mercado de Abastos es una parada imprescindible. No es un mercado cualquiera: es el corazón gastronómico de Santiago y el segundo punto más visitado después de la Catedral. Aquí se entiende por qué el mar y la tierra conviven tan bien en la cocina gallega. Y cuando creas que ya lo has visto todo, empieza lo mejor: perderse por el casco histórico. Calles de piedra, plazas pequeñas y esa sensación de que siempre queda algo por descubrir. Y por la noche, una copa de licor café pone el broche perfecto, que te la has ganado. Si aún te quedan ganas, Santiago sigue ofreciendo planes:
- Parque de Bonaval, un respiro verde entre piedra y silencio.
- Museo do Pobo Galego, para entender la identidad gallega más allá del Camino.
- Cidade da Cultura, arquitectura contemporánea y un mirador alternativo al que puedes subir con la bici.
- Monte do Gozo, el primer avistamiento clásico de la Catedral.
- Monte do Viso, menos conocido, pero con vistas que sorprenden.
Después de todo esto, si quieres llegar hasta el fin del mundo, atrévete a finalizar con el Camino de Fisterra y Muxía: pedalear hasta donde la tierra se acaba y el mar comienza.
Como toda buena historia, este Camino se reserva un último capítulo. Un añadido de 3 o 4 días fuera del trazado principal, menos concurrido pero igual de especial, donde los paisajes, los pueblos y el Atlántico siguen acompañando cada pedalada.