Camino Portugués

Desde Vigo

Punto de partida

Vigo marca el inicio, la ría el ritmo

Este Camino empieza en Vigo, una ciudad abierta al mar, con alma trabajadora y vistas que se clavan en el horizonte. Aquí se mezclan tradición marinera, vida urbana, cuestas con carácter y esa luz atlántica que lo pinta todo un poco distinto.

Antes de pedalear, merece la pena descubrirla con calma. Vigo es la puerta de entrada a las Islas Cíes, uno de los grandes tesoros del litoral gallego. Su Playa de Rodas ha sido nombrada incluso como una de las mejores playas del mundo, pero las Cíes no son solo postal: también guardan historias de batallas navales, barcos hundidos, piratas como el famoso Francis Drake y tesoros como los de la Batalla de Rande. Aunque, siendo sinceros, lo que más brilla aquí son las vistas al horizonte.

Para ver la ciudad como se merece, sube al Monte do Castro, un parque en lo alto de Vigo donde todavía se conservan restos de antiguas fortalezas. Desde arriba, la ría se entiende de otra manera. Después, baja hacia el Casco Vello, donde las calles empedradas recuerdan que esta ciudad siempre ha sido puerto, refugio y punto de encuentro. Muy cerca están la Concatedral de Santa María y el Mercado da Pedra, perfectos para comer algo y dar un paseo.

Si te apetece alargar la visita, Vigo también guarda rincones más tranquilos como la Alameda da Praza de Compostela o el Pazo Quiñones de León, escondido en el Parque de Castrelos, con museo, jardines y ese aire señorial que baja un poco las pulsaciones.

Y para salir de Vigo sin líos, lo mejor es tomar la Senda del Agua: una vía tranquila, rodeada de naturaleza y con vistas que empiezan a compensar desde el primer kilómetro. Esta ruta no necesita muchos días para dejar huella: son menos kilómetros, más calma y más excusas para levantar la vista. Que si este Camino se hace corto, al menos que se te haga largo de recordar.

Y como has decidido hacerlo con MVICO, mejor aún: nosotros nos ocupamos del marrón técnico, para que tú te centres en disfrutar: Bicis en perfecto estado, con todos los complementos y ayuda cuando haga falta. Y al llegar a Santiago, si quieres reclamarnos algo… que sea invitarnos a unas cervezas. Eso suele ser fácil de solucionar.

Antes de salir: consejos y preparativos

Este Camino es más corto que otras rutas, sí, pero que nadie se venga arriba antes de tiempo: también tiene subidas, tramos de piedra, días de calor, lluvia gallega cuando toca y alguna cuesta que aparece sin avisar. Tranquilo, que aquí va un manual de arranque para empezar con buen ritmo.

  • Llega con las piernas despiertas: No hace falta entrenar como si te fueran a dar un trofeo, pero venir completamente en frío tampoco es buena idea. Unas cuantas salidas previas, probar alguna subida y rodar con el peso real que llevarás ayuda más de lo que parece.
  • Vístete para pedalear: Ropa cómoda, algo impermeable siempre a mano, culotte, calzado decente, gafas, crema solar, agua suficiente y algún snack salvavidas. Parece básico, hasta que lo necesitas.
  • Menos carga, más sonrisas: Intenta no superar el 10% de tu peso corporal. Y si estás dudando con eso de “por si acaso”… déjalo en casa. Lo que no uses al principio acabará siendo el culpable de tus lamentos en cada cuesta. Eso sí, si vas en bicicleta eléctrica, todos los santos ayudan: puedes llevar algo más de peso y apenas se nota.

Aquí no tienes que pelearte con la mecánica. La bici te la damos nosotros, revisada y lista para responder desde el primer kilómetro. Tú pedaleas, ella cumple.

Además, viene equipada con todo lo necesario para el viaje: kit básico de reparación con cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta, bombín, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil.

Y para que no tengas que improvisar sobre la marcha, también te damos los tracks adaptados a bici: archivos GPX, compatibles con tu app deportiva habitual, y archivos KMZ, perfectos para visualizar el recorrido completo en Google Maps.

Y un detalle importante: si estás dudando entre eléctrica o convencional, lo tenemos claro. La eléctrica suma. En las subidas duras o en esos días en los que vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, apagas la ayuda y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.

Una vez en marcha, verás que el Camino en bici sigue, en gran parte, el mismo trazado que quienes van a pie. Viaja a tu ritmo, disfruta del paisaje y no tengas prisa por tachar kilómetros.

Esto no va de ganar etapas: va de llegar… y de llegar con ganas de contarlo después. Y si algún día te apetece apretar un poco más y darle un enfoque más deportivo, adelante. La ruta aguanta caña.

Vigo → Santiago: 104 km

Etapas del Camino Portugués desde Vigo

¿Y ahora qué? Cuando llegas a Santiago

Dicen que lo importante no es el destino, pero Santiago te hace replantearte la frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria y Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un lugar donde todo converge. Aquí el Camino no termina, se queda.

La llegada a la Praza do Obradoiro es uno de esos momentos que no se olvidan. A partir de ahí, toca cumplir con los rituales del peregrino: recoger la Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entrar en la Catedral y, si el horario acompaña, asistir a la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con algo de suerte podrás ver volar el botafumeiro. Muy cerca, la Praza da Quintana ofrece una de las estampas más bonitas de la ciudad, especialmente al atardecer. Para cambiar de perspectiva, subir a los tejados de la Catedral es casi obligatorio. Desde lo alto, tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, aunque conviene reservar con antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y si lo que buscas es calma, la Alameda es el lugar perfecto para pasear sin prisas y saludar a las Dos Marías, ya parte inseparable del imaginario de la ciudad.

Si te gusta conocer los sitios a través de la comida, el Mercado de Abastos es una parada imprescindible. No es un mercado cualquiera: es el corazón gastronómico de Santiago y el segundo punto más visitado después de la Catedral. Aquí se entiende por qué el mar y la tierra conviven tan bien en la cocina gallega. Y cuando creas que ya lo has visto todo, empieza lo mejor: perderse por el casco histórico. Calles de piedra, plazas pequeñas y esa sensación de que siempre queda algo por descubrir. Y por la noche, una copa de licor café pone el broche perfecto, que te la has ganado. Si aún te quedan ganas, Santiago sigue ofreciendo planes:

  • Parque de Bonaval, un respiro verde entre piedra y silencio.
  • Museo do Pobo Galego, para entender la identidad gallega más allá del Camino.
  • Cidade da Cultura, arquitectura contemporánea y un mirador alternativo al que puedes subir con la bici.
  • Monte do Gozo, el primer avistamiento clásico de la Catedral.
  • Monte do Viso, menos conocido, pero con vistas que sorprenden.


Después de todo esto, si quieres llegar hasta el fin del mundo, atrévete a finalizar con el Camino de Fisterra y Muxía: pedalear hasta donde la tierra se acaba y el mar comienza.

Como toda buena historia, este Camino se reserva un último capítulo. Un añadido de 3 o 4 días fuera del trazado principal, menos concurrido pero igual de especial, donde los paisajes, los pueblos y el Atlántico siguen acompañando cada pedalada.

Vigo → Pontevedra

Parada que merece la pena

Paradas que merece la pena
Justo antes de la siguiente parada, que no te líen las flechas: el Camino oficial sube por la montaña, pero nuestro track, bordea playas que te recuerdan por qué elegiste esta ruta. En Baiona subir a la Virxe da Rocha es casi obligatorio: desde arriba se disfrutan las mejores vistas de las Islas Cíes, parque nacional y uno de los mayores tesoros del litoral gallego. Ya abajo, rodear el Castillo de Monterreal es también recorrer parte de la historia: aquí atracó la carabela Pinta, la primera en avistar América y en volver para contarlo a este mismo puerto. Hoy puedes visitar su réplica… y pensar en la importancia de poner bien el GPS (si es que ya hubiera querido Colón tener nuestros tracks). Siguiendo la ruta, hay dos paradas en Nigrán que merecen la pena: Playa América con un ambiente relajado y sitios para comer, y Monteferro, con el monumento a la Marina coronando la cima: bienvenida a los recién llegados y homenaje a los que no regresaron.

Nuestro GPX bordea Vigo, pero si decides adentrarte en la ciudad (poco ciclable, aviso), podrás disfrutar de todo esto: si vienes entre noviembre y enero, prepárate para un espectáculo de luces que le planta cara a Nueva York. Y si estás leyendo esto con suficiente tiempo, reserva al menos dos días en la ciudad: uno para callejearla y otro para perderte por las Islas Cíes, donde tienes que visitar la Playa de Rodas, paraíso de aguas cristalinas y nombrada como la mejor del mundo por The Guardian. Dicen que bajo el mar hay tesoros como los de la Batalla de Rande… pero lo que realmente brilla son las vistas al horizonte. Para verlas como se merecen, sube al Monte do Castro: un parque en lo alto de la ciudad con restos de antiguas fortalezas. Después, baja hacia el Casco Vello y acércate a la Concatedral de Santa María y el Mercado da Pedra, perfectos para comer y dar un paseo. Y para salir de Vigo sin líos, sigue la Senda del Agua: una vía tranquila con una pequeña subida y vistas que lo compensan. Aquí te dejamos el punto de inicio exacto.

El camino de la costa se une con el del interior en Redondela, con el título de «villa de los viaductos», impone desde lejos y como todo lo que destaca, también tiene su leyenda: se dice que un tal Pedro Floriani, implicado en las obras, se tiró desde uno al enterarse de que no cobraría. Igual que el rumor de que Eiffel diseñó uno de ellos. Todo forma parte del mito, pero si lo cuentas en un bar, seguro que nadie te lleva la contraria

Un plato que deberías probar

Ostras de Arcade: el sabor del mar que te espera en la mesa. La mejor forma de disfrutarlo: en temporada y frente a la ría

Pontevedra → Padrón

Parada que merece la pena

Antes de comenzar esta etapa, un aviso: entre Arcade y Pontevedra hay un tramo de piedra algo peleón (aunque no llega ni al kilómetro). Con asistencia eléctrica, ni lo notas. Y si sigues nuestro track, te lo ahorras directamente.

Después de un día de pedaleo, Pontevedra es el sitio ideal para bajar pulsaciones. Es una de las ciudades más premiadas de Europa por su modelo urbano: casi todo el centro es peatonal y no porque lo diga una norma, sino porque aquí el asfalto cedió su sitio al paseo tranquilo y a las terrazas llenas de vida. Su casco histórico tiene plazas con nombre propio: A Verdura y A Leña, perfectas para una caña y unas tapas sin agobios. Y entre paseo y paseo, acércate a la Iglesia de la Peregrina, que en realidad es una pequeña capilla con forma de concha de vieira en su base, es decir, que es peregrina hasta en su arquitectura.

Las fervenzas de Barosa no están en el trazado que te marcamos, pero están tan cerca que no parar debería ser delito. Lo malo es que muchos ni se enteran. Lo bueno: tú sí, porque para eso estás siguiendo esta guía, así que no hay excusa: disfruta de una joya natural con molinos antiguos, pozas y cascadas que invitan a descansar. Y cuando llegues a Caldas, párate en su parque municipal y atrévete a mojarte en el lavadero termal y, si quieres rematar, sigue hasta la Fervenza de Segade. Está a 2 kilómetros y es el premio por no tener prisa

En Padrón todo huele a final de Camino… y a pimientos (aunque realmente auténticos de Herbón, la parroquia vecina). Aquí puedes visitar el Pedrón (esa piedra sagrada donde, según la tradición, amarraron la barca que trajo los restos del Apóstol). Y no te vayas sin dar un paseo por el pueblo: aquí vivió Rosalía de Castro, icono cultural gallego que pasó sus últimos años aquí. Hoy puedes visitar su Casa Museo y seguir sus huellas entre plazas, iglesias y calles con historia, porque este rincón gallego se convierte en mucho más que una última parada antes de

Un plato que deberías probar

Pimientos de Padrón: Pequeños, sabrosos y con ruleta picante incluida. Una tradición perfecta para celebrar que ya casi estás en la meta

Padrón → Santiago

Parada que merece la pena

Las fervenzas de Barosa están tan cerca del Camino que no parar debería ser un delito. Lo malo es que muchos ni se enteran. Lo bueno: tú sí, porque para eso estás siguiendo esta guía, así que no hay excusa: disfruta de una joya natural con molinos antiguos, pozas y cascadas que invitan a descansar. Y cuando llegues a Caldas, párate en su parque municipal y atrévete a mojarte en el lavadero termal y, si quieres rematar, sigue hasta la Fervenza de Segade. Está a 2 kilómetros y es el premio por no tener prisa.

En Padrón todo huele a final de Camino… y a pimientos (aunque realmente auténticos de Herbón, la parroquia vecina). Aquí puedes visitar el Pedrón, esa piedra sagrada donde, según la tradición, amarraron la barca que trajo los restos del Apóstol. Y no te vayas sin dar un paseo por el pueblo: aquí vivió Rosalía de Castro, icono cultural gallego que pasó sus últimos años aquí. Hoy puedes visitar su Casa Museo y seguir sus huellas entre plazas, iglesias y calles con historia, porque este rincón gallego se convierte en mucho más que una última parada antes de Santiago.

Un plato que deberías probar

Pulpo á feira y empanada gallega: son apuestas seguras con productos de calidad y el mejor premio posible después de tantos kilómetros.

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