Punto de partida
Desde los Pirineos directo a Galicia
El Camino Francés es uno de los clásicos. Es una de las rutas más largas y transitadas, incluso declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, que ya no es tan común. Aquí cruzas el norte de España desde los Pirineos hasta Santiago, a través de paisajes y ciudades que han marcado la historia del país y que llevan siglos viendo pasar peregrinos… ahora también en bici.
Para empezar, tienes dos opciones: la primera es hacerlo en Saint-Jean-Pied-de-Port, un precioso pueblo del País Vasco francés y el punto de salida más mítico del Camino Francés. No empezar aquí significa perderse la que quizás sea la etapa más bonita de todos los Caminos: el cruce de los Pirineos hasta Roncesvalles, con paisajes espectaculares de los que se recuerdan mucho tiempo. Eso sí, también es una etapa dura, así que si no estás acostumbrado a la bici, quizá no sea la mejor bienvenida. Si prefieres arrancar con algo más llevadero o si eres más hogareño, puedes empezar directamente en Roncesvalles, ya en Navarra, uno de los inicios más clásicos y que tampoco se queda atrás en cuanto a belleza. Dos comienzos distintos para un mismo Camino… y la misma meta.
En bici, además, es un Camino bastante agradecido porque la mayor parte del recorrido es llano, así que la dificultad es media tirando a fácil, como has elegido hacerlo con MVICO pues la cosa va sobre ruedas: bicis a punto, equipamiento listo y ayuda asegurada cuando te haga falta para que tu solo te centres en disfrutar. Y si tienes alguna reclamación al final, que sea en la barra… y mejor en forma de cañas.
Antes de salir: consejos y preparativos
Lo esencial
- Activa las piernas antes de venir: No hace falta entrenar como si fueras a participar una gran vuelta, pero sí conviene llegar con algo de rodaje. Salidas tranquilas, alguna subida, probar la bici con el peso que llevarás y comprobar que todo te resulta cómodo. El cuerpo lo agradece rápido.
- Vístete con cabeza: Ropa cómoda, algo impermeable por si acaso, culotte, calzado decente, gafas, crema solar, agua suficiente y algún snack de emergencia.
- Menos peso, mejor Camino: Intenta no superar el 10% de tu peso corporal. Y ese objeto que dudas en meter “por si acaso”… déjalo fuera. Lo que no uses los primeros días acabará siendo el culpable de tus maldiciones en cada cuesta. Eso sí, vas en bicicleta eléctrica, es cierto que todos los santos ayudan: se puede llevar algo más de peso y apenas se nota.
Sobre tu bicicleta
Aquí puedes relajarte: de mecánica, la bici la ponemos nosotros, revisada y lista para responder desde el primer pedal. Tú empujas, ella cumple. Además, viene equipada con todo lo necesario para el viaje: kit básico de reparación (cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta), bombín, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil. Y para que no tengas que ir improvisando, también te damos los tracks adaptados a bici: archivos GPX, compatibles con tu app deportiva habitual, y archivo KMZ, perfectos para visualizar el recorrido completo en Google Maps.
Y un detalle importante: si estás dudando entre eléctrica o convencional, lo tenemos claro. La eléctrica suma. En las subidas duras o si un día vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, la apagas y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.
Pedaleando se entiende el camino
Una vez en ruta, comprobarás que el Camino en bici sigue prácticamente el mismo trazado que el de quienes van a pie. Avanza a tu ritmo, disfruta del entorno y no tengas prisa. Esto no va de ganar etapas: va de llegar… y de llegar con ganas de contarlo después. Y si algún día te apetece apretar y darle un enfoque más deportivo, adelante. La ruta lo aguanta
Saint-jean-pied-de-port → Santiago: 819 km
Etapas del Camino del Norte
¿Y ahora qué? Cuando llegas a Santiago
Dicen que lo importante no es el destino, pero Santiago te hace replantearte la frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria y Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un lugar donde todo converge. Aquí el Camino no termina, se queda.
La llegada a la Praza do Obradoiro es uno de esos momentos que no se olvidan. A partir de ahí, toca cumplir con los rituales del peregrino: recoger la Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entrar en la Catedral y, si el horario acompaña, asistir a la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con algo de suerte podrás ver volar el botafumeiro. Muy cerca, la Praza da Quintana ofrece una de las estampas más bonitas de la ciudad, especialmente al atardecer. Para cambiar de perspectiva, subir a los tejados de la Catedral es casi obligatorio. Desde lo alto, tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, aunque conviene reservar con antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y si lo que buscas es calma, la Alameda es el lugar perfecto para pasear sin prisas y saludar a las Dos Marías, ya parte inseparable del imaginario de la ciudad.
Si te gusta conocer los sitios a través de la comida, el Mercado de Abastos es una parada imprescindible. No es un mercado cualquiera: es el corazón gastronómico de Santiago y el segundo punto más visitado después de la Catedral. Aquí se entiende por qué el mar y la tierra conviven tan bien en la cocina gallega. Y cuando creas que ya lo has visto todo, empieza lo mejor: perderse por el casco histórico. Calles de piedra, plazas pequeñas y esa sensación de que siempre queda algo por descubrir. Y por la noche, una copa de licor café pone el broche perfecto, que te la has ganado. Si aún te quedan ganas, Santiago sigue ofreciendo planes:
- Parque de Bonaval, un respiro verde entre piedra y silencio.
- Museo do Pobo Galego, para entender la identidad gallega más allá del Camino.
- Cidade da Cultura, arquitectura contemporánea y un mirador alternativo al que puedes subir con la bici.
- Monte do Gozo, el primer avistamiento clásico de la Catedral.
- Monte do Viso, menos conocido, pero con vistas que sorprenden.
Después de todo esto, si quieres llegar hasta el fin del mundo, atrévete a finalizar con el Camino de Fisterra y Muxía: pedalear hasta donde la tierra se acaba y el mar comienza.
Como toda buena historia, este Camino se reserva un último capítulo. Un añadido de 3 o 4 días fuera del trazado principal, menos concurrido pero igual de especial, donde los paisajes, los pueblos y el Atlántico siguen acompañando cada pedalada.