Punto de partida
El origen del Camino
Aquí realmente empezó todo. En el siglo IX, Alfonso II salió de Oviedo para comprobar el hallazgo del sepulcro del Apóstol, convirtiéndo sin querer en el primer peregrino de la historia. Allí mandó levantar el primer templo dedicado a Santiago. Y mientras Compostela empezaba a sonar, Oviedo ya tenía peso propio: antes de su aventura mandó construir la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador para custodiar reliquias como el Santo Sudario o la Cruz de los Ángeles, el símbolo de la ciudad entregada por dos ángeles vestidos de peregrinos. Así que esta Catedral fue meta de peregrinos mucho antes de que Compostela monopolizara la devoción, porque “quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor”.
Pero Oviedo no se resume en una iglesia. Solo hace falta caminar un poco para descubrirlo. El verde lo pone el Campo de San Francisco, pulmón de la ciudad y lugar perfecto para dar un paseo y ver a Mafalda. La cultura se la lleva el Teatro Campoamor, escenario donde se entregan los Premios Princesa de Asturias. Y la tradición académica la mantiene viva la Universidad de Oviedo, con la estatua de Valdés Salas presidiendo el centro. Desde allí, el paseo continúa hacia el centro urbano lleno de vida, pasando por plazas como la del Fontán, Trascorrales o la de la Constitución. Y si hablamos de ambiente, la Calle Gascona lo deja claro: música, comida y sidra. Porque en Oviedo el Camino arranca… pero primero se celebra con un cachopo en la mesa, requisito obligatorio en esta ciudad.
Ahora bien, esta ruta es exigente con pendientes constantes y piernas que trabajan horas extra (que agradecer la ayuda de una bici eléctrica). Pero esa dureza es parte de su identidad: el Primitivo es más solitario y el más verde, surcando montes sin paradas en grandes ciudades. Así que conviene venir preparado con suficiente agua, porque la montaña no siempre tiene barra libre. Y como lo haces con MVICO, todo va sobre ruedas: bici lista, equipamiento preparado y tú a disfrutar. Y si hay reclamaciones, que sea en la barra.
Una opción un poco menos masificada y más verde, pero exigente. Por eso te recomendamos la bici eléctrica. Y como lo haces con MVICO, todo va sobre ruedas: bici lista, equipamiento preparado y tú a disfrutar. Y si hay reclamaciones, que sea en la barra.
Antes de salir: consejos y preparativos
Este Camino es largo, bonito y también un poco puñetero. Habrá días en los que pedalees feliz como una cabra en el monte… y otros en los que te preguntes por qué no te quedaste en la cama. Pero tranquilo, que aquí va un “manual de arranque” para empezar con buen ritmo:
Lo esencial
- Entrena un poco antes: No hace falta preparar un Tour de Francia, pero sí viene bien mover un poco las piernas antes de empezar. Prueba con un par de rutas suaves, alguna subida, pedalea con el peso que llevarás y asegúrate de que todo te resulte cómodo.
- Equípate como los profesionales: ropa cómoda, impermeable, culottes, buen calzado, gafas, protector solar, agua suficiente y algún snack.
- Cambia el peso por felicidad: no lleves más del 10% de tu peso corporal. Y si dudas si meter algo “por si acaso”… no lo hagas, y créenos: lo que no uses en los primeros días… se va a convertir en aquel lastre que maldecirás cada vez que subas una cuesta. Aunque, si se viaja en bicicleta eléctrica, es cierto que todos los santos ayudan: se puede llevar algo más de peso y apenas se nota.
Sobre tu bicicleta
Por tu parte no hace falta pelearte con mecánica: la bici te la damos nosotros, revisada y lista para rodar. Tú pedaleas, ella responde. Así de simple. Además, va equipada con todo lo que necesitas: Kit de reparación básico (cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta), bombín de mano, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil. ¿Y lo mejor? también te damos los tracks de la ruta, optimizados para bici, para que no tengas que andar improvisando: te enviaremos un archivo GPX, que te guía y lo puedes utilizar en tu app deportiva favorita, y un archivo KMZ, ideal para verlo sobre el mapa en Google Maps y hacerte una idea general del recorrido.
Y un apunte importante: si estás dudando entre una bici eléctrica o una convencional, nuestro consejo es claro: la eléctrica nunca te falla. En las subidas duras o si un día vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, la apagas y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.
Pedaleando se entiende el camino
Una vez en marcha, verás que el Camino en bici es prácticamente el mismo recorrido que el que se hace a pie. Viaja a tu ritmo y disfruta del paisaje sin prisas. Esto no va de ganar etapas porque aquí lo único que importa es que llegues… y que llegues con ganas de contarlo. Y si te apetece apretar, con un enfoque más deportivo, adelante: la ruta aguanta caña.
Oviedo → Santiago: 281 km
Etapas del Camino Primitivo
¿Y ahora qué? Cuando llegas a Santiago
Dicen que lo importante no es el destino, es el camino, pero Santiago te hará dudar de esa frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria por excelencia y reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un cruce de caminos, una ciudad marcada por el paso constante de peregrinos. Aquí el Camino no termina, se queda.
Cuando llegas a la Praza do Obradoiro es de esos momentos que se te quedan grabados. Ahora sí, toca hacer los deberes del peregrino: recoge tu Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entra en la Catedral y, si te cuadra el horario, pásate por la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con un poco de suerte, podrás ver el vuelo del botafumeiro. No te pierdas tampoco la Praza da Quintana, que para muchos es la plaza más bonita de Santiago. Si tienes ganas de ver todo desde otra perspectiva, sube a los tejados de la Catedral, un plan obligatorio: desde lo más alto de Santiago tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, pero ten en cuenta que está muy demandado y hay que reservar con mucha antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y hablando de vistas… sube al mirador y da un paseo por la Alameda, el parque más emblemático de Santiago y perfecto para ver la ciudad con calma y visitar a las Dos Marías, un homenaje a dos hermanas que, con su forma de vestir y su paseo diario, se convirtieron en todo un símbolo de la ciudad.
Si lo tuyo es conocer una ciudad a través de sus sabores, el Mercado de Abastos no es un mercado cualquiera, es el segundo lugar más visitado después de la Catedral y el epicentro de su zona gastronómica. Entre puestos y tapas, entenderás por qué aquí el mar y la tierra se celebran a diario.
Por último, si pensabas que el Camino era el premio… espera a perderte por las calles de Santiago. No hay mejor forma de rematar el viaje que dejándote llevar por su casco antiguo y descubrir los rincones de la ciudad. Incluso, si te animas por la noche, prueba una de las famosas copas de licor de café, que te la has ganado. Justo cuando creas que ya lo has visto todo, Santiago siempre guarda algún plan más:
- Parque de Bonaval: un respiro entre verde y piedra. Ideal para tumbarse y mirar al cielo después de tanto pedal.
- Museo do Pobo Galego: situado justo al lado del parque. Aquí harás un viaje por la historia, la música y la identidad gallega.
- Cidade da Cultura: arquitectura moderna, exposiciones y un mirador alternativo y accesible con la bici para ver Santiago desde otra perspectiva.
- Monte do Gozo: aquí es donde muchos hacen la primera foto de la Catedral desde lejos. Es un clásico por algo.
- Monte do Viso: un rincón menos conocido, pero con vistas que no decepcionan y sin tanta gente.
Después de todo esto, si quieres llegar hasta el fin del mundo, atrévete a finalizar con el Camino de Fisterra y Muxía: pedalear hasta donde la tierra se acaba y el mar comienza.
Como toda gran historia, este Camino también guarda un epílogo que vale oro. Un extra de 3 o 4 días pero fuera del recorrido tradicional, menos transitado pero con la misma magia: una ruta donde sigues cruzando paisajes increíbles, pueblos con encanto y miradores en primera fila al Atlántico que merecen cada pedal.