Camino Inglés

Desde Ferrol

Punto de partida

Ferrol marca el inicio, las rías el ritmo

Este Camino empieza en Ferrol, una ciudad con mar aunque, a primera vista, no siempre lo parezca. Durante años, su costa estuvo casi escondida entre astilleros, arsenales y espacios militares que marcaron la vida, el paisaje y el carácter de la ciudad. Esa huella naval e industrial forma parte de su identidad: una ciudad trabajadora, algo áspera por momentos, pero con mucha más historia de la que enseña a simple vista.

Tras décadas complicadas y una actividad naval que ya no tiene el peso de antes, Ferrol ha ido encontrando nuevas formas de volver al mapa. El Camino Inglés, el turismo y los proyectos culturales han ayudado a devolver vida a sus calles, a sus barrios y a una ciudad que, poco a poco, se está reconciliando con su propio horizonte.

Para entenderla mejor, merece la pena acercarse al arsenal y a los astilleros —solo con visita guiada— o entrar en el Museo Naval y en Exponav, uno de los grandes espacios dedicados a la construcción naval en Europa. Pero Ferrol también da al mar por puro derecho: cerca tienes playas como Vilarrube o San Xurxo, perfectas para empezar el viaje con un chapuzón si el viento gallego lo permite. Que esa es otra: aquí el Atlántico saluda fuerte.

Para descubrir la ciudad, empieza por el barrio da Magdalena, declarado conjunto histórico-artístico, con su trazado racional, detalles inspirados en los barcos de guerra y joyas modernistas firmadas por el arquitecto local Rodolfo Ucha. Después puedes seguir por la Praza de Amboage y la Praza de Armas. Cerca está la Concatedral de San Julián, con su portada de aire renacentista y vinculada a una de las Semanas Santas más conocidas del norte.

Y si quieres ver el Ferrol más colorido, sube al barrio de Canido. Las fachadas de las Meninas lo han convertido en uno de los movimientos artísticos urbanos más llamativos de Galicia. Dicen incluso que hay un Banksy por ahí, aunque quién sabe… quizá solo fue un peregrino inglés con spray y ganas de dejar huella.

Este Camino combina rías, bosques, piedra, pueblos tranquilos y algún tramo que avisa de que no todo iba a ser postal. Tiene una exigencia media-alta, así que la bicicleta eléctrica es más que recomendable si quieres disfrutarlo sin sufrir de más. Porque aquí el paisaje acompaña, sí, pero las piernas también tienen que poner de su parte.

Y como has decidido hacerlo con MVICO, mejor aún: nosotros nos ocupamos del marrón técnico, para que tú te centres en disfrutar: Bicis en perfecto estado, con todos los complementos y ayuda cuando haga falta. Y al llegar a Santiago, si quieres reclamarnos algo… que sea invitarnos a unas cervezas. Eso suele ser fácil de solucionar.

Antes de salir: consejos y preparativos

Este Camino tiene de todo: rías, bosques, pueblos con historia y unas cuantas subidas que no vienen a hacer amigos. Es precioso, sí, pero también puede ponerse exigente. Habrá momentos en los que pedalees feliz como si todo fuera un anuncio de aventura… y otros en los que te preguntes seriamente por qué no elegiste un plan con spa. Tranquilo, que aquí va un manual de arranque para empezar con buen ritmo.

  • Entrena algo antes de venir: No hace falta prepararse como si fueras al Tour de Francia, pero sí conviene llegar con algo de rodaje. Haz un par de salidas suaves, prueba alguna subida, pedalea con el peso que llevarás y asegúrate de que todo te resulta cómodo antes de lanzarte a la aventura.
  • Equípate como quien sabe lo que hace: Ropa cómoda, impermeable a mano, culotte, buen calzado, gafas, crema solar, agua suficiente y algún snack estratégico. Parece mucho, pero en ruta todo acaba teniendo su momento.
  • Menos peso, más felicidad: Intenta no cargar más del 10% de tu peso corporal como referencia. Y si estás dudando con eso de “por si acaso”… probablemente no lo metas. Lo que no uses los primeros días acabará siendo ese objeto al que maldecirás en cada cuesta. Eso sí, si vas en bici eléctrica, hay margen: los milagros existen y la asistencia ayuda a disimular algún capricho extra.
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Aquí no tienes que pelearte con tornillos ni ajustes raros. La bici la ponemos nosotros, revisada y lista para rodar. Tú pedaleas, ella responde. Relación sana.

Además, viene equipada con todo lo necesario para el viaje: kit básico de reparación con cámara de repuesto, desmontables y multiherramienta, bombín, alforjas impermeables, casco, candado, luz trasera y soporte para el móvil.

Y para que no tengas que improvisar sobre la marcha, también te damos los tracks adaptados a bici: archivos GPX, compatibles con tu app deportiva habitual, y archivos KMZ, perfectos para visualizar el recorrido completo en Google Maps.

Y un detalle importante: en esta ruta, si estás dudando entre eléctrica o convencional, lo tenemos especialmente claro. La eléctrica suma mucho. En subidas exigentes o en días en los que vas justo, te echará una mano. En la convencional, el motor eres tú. Y si vas bien de fuerzas, apagas la ayuda y listo. Tú decides cuánto te exiges. La bici solo te acompaña.

Una vez en marcha, verás que el Camino en bici sigue, en gran parte, el mismo trazado que quienes van a pie. Avanza a tu ritmo y olvídate de las prisas. Esto no va de ganar etapas: va de llegar… y de llegar con ganas de contarlo después.

Y si algún día te apetece apretar un poco más y darle un enfoque más deportivo, adelante. Esta ruta aguanta caña. Aunque alguna cuesta quizá te la devuelva.

FERROL → Santiago: 121 km

Etapas del Camino Inglés desde Ferrol

¿Y ahora qué? Cuando llegas a Santiago

Dicen que lo importante no es el destino, pero Santiago te hace replantearte la frase. Capital de Galicia, ciudad universitaria y Patrimonio de la Humanidad desde 1985, no es solo el final del Camino: es un lugar donde todo converge. Aquí el Camino no termina, se queda.

La llegada a la Praza do Obradoiro es uno de esos momentos que no se olvidan. A partir de ahí, toca cumplir con los rituales del peregrino: recoger la Compostela (puedes ver cómo hacerlo aquí), entrar en la Catedral y, si el horario acompaña, asistir a la misa del peregrino. Se celebra varias veces al día y en distintos idiomas, y con algo de suerte podrás ver volar el botafumeiro. Muy cerca, la Praza da Quintana ofrece una de las estampas más bonitas de la ciudad, especialmente al atardecer. Para cambiar de perspectiva, subir a los tejados de la Catedral es casi obligatorio. Desde lo alto, tendrás vistas únicas tanto de la ciudad como de la misma catedral, aunque conviene reservar con antelación (puedes hacerlo en este enlace). Y si lo que buscas es calma, la Alameda es el lugar perfecto para pasear sin prisas y saludar a las Dos Marías, ya parte inseparable del imaginario de la ciudad.

Si te gusta conocer los sitios a través de la comida, el Mercado de Abastos es una parada imprescindible. No es un mercado cualquiera: es el corazón gastronómico de Santiago y el segundo punto más visitado después de la Catedral. Aquí se entiende por qué el mar y la tierra conviven tan bien en la cocina gallega. Y cuando creas que ya lo has visto todo, empieza lo mejor: perderse por el casco histórico. Calles de piedra, plazas pequeñas y esa sensación de que siempre queda algo por descubrir. Y por la noche, una copa de licor café pone el broche perfecto, que te la has ganado. Si aún te quedan ganas, Santiago sigue ofreciendo planes:

  • Parque de Bonaval, un respiro verde entre piedra y silencio.
  • Museo do Pobo Galego, para entender la identidad gallega más allá del Camino.
  • Cidade da Cultura, arquitectura contemporánea y un mirador alternativo al que puedes subir con la bici.
  • Monte do Gozo, el primer avistamiento clásico de la Catedral.
  • Monte do Viso, menos conocido, pero con vistas que sorprenden.


Después de todo esto, si quieres llegar hasta el fin del mundo, atrévete a finalizar con el Camino de Fisterra y Muxía: pedalear hasta donde la tierra se acaba y el mar comienza.

Como toda buena historia, este Camino se reserva un último capítulo. Un añadido de 3 o 4 días fuera del trazado principal, menos concurrido pero igual de especial, donde los paisajes, los pueblos y el Atlántico siguen acompañando cada pedalada.

Vigo → Pontevedra

Parada que merece la pena

Paradas que merece la pena
Justo antes de la siguiente parada, que no te líen las flechas: el Camino oficial sube por la montaña, pero nuestro track, bordea playas que te recuerdan por qué elegiste esta ruta. En Baiona subir a la Virxe da Rocha es casi obligatorio: desde arriba se disfrutan las mejores vistas de las Islas Cíes, parque nacional y uno de los mayores tesoros del litoral gallego. Ya abajo, rodear el Castillo de Monterreal es también recorrer parte de la historia: aquí atracó la carabela Pinta, la primera en avistar América y en volver para contarlo a este mismo puerto. Hoy puedes visitar su réplica… y pensar en la importancia de poner bien el GPS (si es que ya hubiera querido Colón tener nuestros tracks). Siguiendo la ruta, hay dos paradas en Nigrán que merecen la pena: Playa América con un ambiente relajado y sitios para comer, y Monteferro, con el monumento a la Marina coronando la cima: bienvenida a los recién llegados y homenaje a los que no regresaron.

Nuestro GPX bordea Vigo, pero si decides adentrarte en la ciudad (poco ciclable, aviso), podrás disfrutar de todo esto: si vienes entre noviembre y enero, prepárate para un espectáculo de luces que le planta cara a Nueva York. Y si estás leyendo esto con suficiente tiempo, reserva al menos dos días en la ciudad: uno para callejearla y otro para perderte por las Islas Cíes, donde tienes que visitar la Playa de Rodas, paraíso de aguas cristalinas y nombrada como la mejor del mundo por The Guardian. Dicen que bajo el mar hay tesoros como los de la Batalla de Rande… pero lo que realmente brilla son las vistas al horizonte. Para verlas como se merecen, sube al Monte do Castro: un parque en lo alto de la ciudad con restos de antiguas fortalezas. Después, baja hacia el Casco Vello y acércate a la Concatedral de Santa María y el Mercado da Pedra, perfectos para comer y dar un paseo. Y para salir de Vigo sin líos, sigue la Senda del Agua: una vía tranquila con una pequeña subida y vistas que lo compensan. Aquí te dejamos el punto de inicio exacto.

El camino de la costa se une con el del interior en Redondela, con el título de «villa de los viaductos», impone desde lejos y como todo lo que destaca, también tiene su leyenda: se dice que un tal Pedro Floriani, implicado en las obras, se tiró desde uno al enterarse de que no cobraría. Igual que el rumor de que Eiffel diseñó uno de ellos. Todo forma parte del mito, pero si lo cuentas en un bar, seguro que nadie te lleva la contraria

Un plato que deberías probar

Ostras de Arcade: el sabor del mar que te espera en la mesa. La mejor forma de disfrutarlo: en temporada y frente a la ría

Pontevedra → Padrón

Parada que merece la pena

Antes de comenzar esta etapa, un aviso: entre Arcade y Pontevedra hay un tramo de piedra algo peleón (aunque no llega ni al kilómetro). Con asistencia eléctrica, ni lo notas. Y si sigues nuestro track, te lo ahorras directamente.

Después de un día de pedaleo, Pontevedra es el sitio ideal para bajar pulsaciones. Es una de las ciudades más premiadas de Europa por su modelo urbano: casi todo el centro es peatonal y no porque lo diga una norma, sino porque aquí el asfalto cedió su sitio al paseo tranquilo y a las terrazas llenas de vida. Su casco histórico tiene plazas con nombre propio: A Verdura y A Leña, perfectas para una caña y unas tapas sin agobios. Y entre paseo y paseo, acércate a la Iglesia de la Peregrina, que en realidad es una pequeña capilla con forma de concha de vieira en su base, es decir, que es peregrina hasta en su arquitectura.

Las fervenzas de Barosa no están en el trazado que te marcamos, pero están tan cerca que no parar debería ser delito. Lo malo es que muchos ni se enteran. Lo bueno: tú sí, porque para eso estás siguiendo esta guía, así que no hay excusa: disfruta de una joya natural con molinos antiguos, pozas y cascadas que invitan a descansar. Y cuando llegues a Caldas, párate en su parque municipal y atrévete a mojarte en el lavadero termal y, si quieres rematar, sigue hasta la Fervenza de Segade. Está a 2 kilómetros y es el premio por no tener prisa

En Padrón todo huele a final de Camino… y a pimientos (aunque realmente auténticos de Herbón, la parroquia vecina). Aquí puedes visitar el Pedrón (esa piedra sagrada donde, según la tradición, amarraron la barca que trajo los restos del Apóstol). Y no te vayas sin dar un paseo por el pueblo: aquí vivió Rosalía de Castro, icono cultural gallego que pasó sus últimos años aquí. Hoy puedes visitar su Casa Museo y seguir sus huellas entre plazas, iglesias y calles con historia, porque este rincón gallego se convierte en mucho más que una última parada antes de

Un plato que deberías probar

Pimientos de Padrón: Pequeños, sabrosos y con ruleta picante incluida. Una tradición perfecta para celebrar que ya casi estás en la meta

Padrón → Santiago

Parada que merece la pena

Las fervenzas de Barosa están tan cerca del Camino que no parar debería ser un delito. Lo malo es que muchos ni se enteran. Lo bueno: tú sí, porque para eso estás siguiendo esta guía, así que no hay excusa: disfruta de una joya natural con molinos antiguos, pozas y cascadas que invitan a descansar. Y cuando llegues a Caldas, párate en su parque municipal y atrévete a mojarte en el lavadero termal y, si quieres rematar, sigue hasta la Fervenza de Segade. Está a 2 kilómetros y es el premio por no tener prisa.

En Padrón todo huele a final de Camino… y a pimientos (aunque realmente auténticos de Herbón, la parroquia vecina). Aquí puedes visitar el Pedrón, esa piedra sagrada donde, según la tradición, amarraron la barca que trajo los restos del Apóstol. Y no te vayas sin dar un paseo por el pueblo: aquí vivió Rosalía de Castro, icono cultural gallego que pasó sus últimos años aquí. Hoy puedes visitar su Casa Museo y seguir sus huellas entre plazas, iglesias y calles con historia, porque este rincón gallego se convierte en mucho más que una última parada antes de Santiago.

Un plato que deberías probar

Pulpo á feira y empanada gallega: son apuestas seguras con productos de calidad y el mejor premio posible después de tantos kilómetros.

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